El Espumante y Crujiente Mundo de la Comida Ultraprocesada

Ingeniería de alimentos: Una inmersión profunda.

Resumen

¿Por qué, una y otra vez, terminamos eligiendo alimentos intensamente sabrosos, crujientes y visualmente irresistibles, aun sabiendo que su valor nutricional es bajo?.

¿Por qué nuestro carrito del supermercado parece tener una atracción casi magnética hacia la comida ultraprocesada?. No se trata solo de falta de voluntad.

Nuestro cerebro está biológicamente programado para buscar placer, energía rápida y recompensa inmediata. La comida ultraprocesada con sus sabores exagerados, texturas diseñadas y aromas cuidadosamente construidos, habla directamente ese lenguaje cerebral.No es casualidad, es ingeniería.

Pero entonces surge una pregunta incómoda: ¿Estamos frente a un simple gusto… o ante una adicción silenciosa, socialmente aceptada y convenientemente justificada por la falta de tiempo, el estrés y el ritmo acelerado de nuestras vidas?.

Como ingeniero en alimentos —y también como consumidor confeso de productos procesados— los invito a adentrarnos en este mundo espumante y crujiente para entender qué hay detrás de nuestras decisiones alimentarias, cómo la industria dialoga con nuestro cerebro y, sobre todo, cuál es el punto clave donde realmente podemos empezar a mejorar nuestros hábitos sin culpa, sin extremismos y con conocimiento.

Porque entender cómo funciona la comida procesada es, paradójicamente, el primer paso para aprender a comer mejor.

Ilustración de cerebro y dopamina
La respuesta cerebral ante estímulos hiperpalatables es inmediata.

Los amantes del azúcar y el ciclo invisible del placer

Para los amantes del azúcar, resistirse a lo dulce no siempre es tan sencillo como parece. Esos pequeños bocados —coloridos, suaves, aparentemente inofensivos— activan algo mucho más profundo que el simple gusto. Y ni hablar de quienes encuentran en los alimentos fritos procesados esa dosis directa de placer: crujiente, intensa y sin filtros, una verdadera inyección de dopamina.

Por supuesto, el cuadro no estaría completo sin el toque salado que, casi de manera automática, nos empuja a refugiarnos en una bebida carbonatada. Esa sensación efervescente que refresca la garganta, que burbujea, que despierta los sentidos… y que, en ocasiones, roza lo emocional al punto de sacarnos una lágrima.

Lo que para muchos no es más que un pequeño snack, puede estar dando inicio a algo mucho más complejo: un ciclo de autorrefuerzo cerebral.

El cerebro aprende rápido. Asocia sabores intensos con placer inmediato y, poco a poco, comienza a pedir repetición. No solo busca que vuelvas a consumir alimentos ultraprocesados, sino que en ciertos casos exige más o productos aún más hiperpalatables para alcanzar el mismo nivel de satisfacción.

Este fenómeno ha sido descrito por Dash Hartwell en su artículo “Cómo los alimentos ultraprocesados reconectan los circuitos de hambre de su cerebro”, basado en un amplio estudio de imágenes cerebrales del Biobanco del Reino Unido. Sus hallazgos sugieren que el consumo habitual de alimentos ultraprocesados puede alterar la forma en que el cerebro regula el hambre, la saciedad y el deseo, reforzando patrones que hacen cada vez más difícil romper el hábito.
— Dash Hartwell, estudio de imágenes cerebrales del Biobanco del Reino Unido.

El truco del cerebro: placer que le gana a la saciedad

Cuando comemos alimentos hiperpalatables, ocurre algo clave: el cerebro recibe una señal de recompensa intensa y rápida. Esa señal, mediada por dopamina, no solo nos dice “esto está rico”, sino “vuelve a buscarlo”.

Al mismo tiempo, se retrasa otro mecanismo fundamental: el que normalmente nos hace perder interés en un sabor cuando ya hemos comido suficiente. En condiciones normales, el cuerpo dice basta. Con alimentos hiperpalatables, ese mensaje llega tarde… o no llega.

El resultado es conocido por muchos de nosotros: seguimos comiendo no porque tengamos hambre, sino porque el alimento todavía “funciona”.

Sin frenos naturales

A diferencia de los alimentos frescos, muchos productos hiperpalatables han perdido algo esencial: fibra y agua. Estos componentes funcionan como frenos biológicos, ralentizando la absorción de energía y dando tiempo al cerebro para procesar señales de saciedad.

Cuando esos frenos desaparecen, el impacto es casi inmediato. El placer llega rápido… y el deseo de repetir también.

Ingeniería detrás de la comida ultraprocesada

Nada de lo que sentimos al morder una papa frita ocurre por casualidad. Detrás de ese crunch perfecto hay mucha ciencia.

Ingeniería de alimentos

La textura: el lenguaje secreto

El sonido al morder un alimento crujiente activa regiones asociadas a frescura. No es casual que muchos ultraprocesados combinen:

  • Exterior crujiente
  • Interior suave o cremoso

Esa dualidad mantiene al cerebro interesado y evita la fatiga sensorial.

El famoso “Bliss Point”

Uno de los conceptos más estudiados en la formulación de alimentos es el punto de máximo agrado, conocido como bliss point. Es ese equilibrio casi quirúrgico entre azúcar, grasa y sal donde el sabor resulta intensamente placentero, pero sin llegar a saturar.

Cuando el producto alcanza ese punto:

  1. El cerebro libera dopamina.
  2. La saciedad sensorial se retrasa.
  3. El deseo de seguir comiendo aumenta.
Gráfico del Bliss Point

No es que el alimento “no llene”, es que está diseñado para que no quieras parar.

Grasa: el gran transportador de placer

Desde el punto de vista técnico, la grasa no solo aporta calorías. Es un vehículo de sabor. Transporta compuestos aromáticos, mejora la lubricidad en boca y genera esa sensación de redondez que asociamos con lo “rico”. Combinada con azúcar o sal, la grasa potencia la respuesta hedónica del cerebro, haciendo que el alimento resulte más atractivo que sus equivalentes naturales.

El tiempo también se diseña

Otro detalle poco visible es la velocidad de liberación del sabor. Muchos ultraprocesados están formulados para liberar aromas y estímulos de forma rápida, logrando una recompensa casi inmediata. El cerebro ama eso. Es gratificación instantánea, justo lo que buscamos cuando estamos cansados, estresados o con poco tiempo.


La Estrategia: Entender para Decidir

Después de entender cómo el cerebro responde, cómo la ingeniería diseña el placer y cómo los alimentos hiperpalatables pueden empujar nuestros límites naturales, aparece una verdad incómoda pero liberadora: comer mejor no empieza prohibiendo, empieza entendiendo. Los alimentos ultraprocesados no son el enemigo absoluto. Son parte del mundo moderno, de nuestras rutinas, de nuestros recuerdos y, sí, de nuestros gustos culposos. El problema no es disfrutarlos; el problema es cuando dejamos de decidir conscientemente.

La estrategia no es decir “nunca más”, sino aprender a romper el ciclo automático:

  • Elegir cuándo comerlos, y no hacerlo por impulso.
  • Acompañarlos de alimentos que devuelvan frenos naturales al sistema.
  • Reducir la velocidad, el contexto, la frecuencia.

Como ingeniero en alimentos —y como alguien que también disfruta un snack crujiente, una bebida burbujeante o un antojo bien diseñado— no creo en la culpa como herramienta de cambio. Creo en el conocimiento. Creo en decisiones pequeñas, repetidas, posibles. Y sobre todo, creo que mejorar nuestros hábitos alimentarios no significa renunciar al placer, sino redefinirlo.

Foto del Autor

Ing. Leonardo Yaguana

Ingeniero en Alimentos | ELME Food


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